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Poema sobre el mito del carro alado, en el que Fedro y Sócrates disertan sobre temas filosóficos de Platón acerca de los prolegómenos de la vida humana.
Poema dedicado a Don Francisco Rodríguez mi profesor de literatura y
filosofía en el colegio de enseñanza media (Chesco para sus compañeros)
También dedicado a Julián, Jose Luis y Carmen
Cual flamante carro alado por dos caballos tirada uno bueno, otro malo y por auriga guiada se traslada el alma humana por universos lejanos antes de ser encarnada. Si domina el buen caballo sobre el malo y su pereza, el auriga conduce raudo en busca de la belleza, memorizando en su canon la percepción y certeza de insignes patrones altos antes de bajar a tierra. Cuando el alma ya en el cuerpo contempla una muestra perteneciente a este mundo relaciona su lindeza con el del anterior curso pues fácilmente recuerda el arquetipo absoluto asentado entre las estrellas. Mas si manda el mal caballo sobre el bueno y su grandeza apenas rellena el saco y enseguida cae a tierra apuntando hacia el fracaso pues tosquedad y destreza las interpreta al contrario, cosa que a dioses no afecta al ser sus caballos blancos. Poema sobre el mito del carro alado (en el que Fedro y Sócrates disertan sobre temas filosóficos de Platón)
¿Cómo es el alma?, requeriría toda una larga explicación; pero decir a qué se parece, es ya asunto humano y, por supuesto, más breve. Podríamos entonces decir que se parece a una fuerza que, como si hubieran nacido juntas, lleva unidos a una yunta alada y a su auriga. Pues bien, los caballos y los cocheros de los dioses son todos ellos buenos, y buena su casta, la de los otros es mezclada. Por lo que a nosotros se refiere, hay en primer lugar, un conductor que guía una yunta de caballos y, después estos caballos de los cuales uno es bueno y hermoso, y está hecho de esos mismos elementos, y el otro de todo lo contrario, como también su origen. Necesariamente, pues, nos resultará difícil y duro su manejo.

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