Cual flamante carro alado por dos caballos tirada uno bueno, otro malo y por auriga guiada tal vez negro, tal vez blanco se traslada el alma humana por universos lejanos antes de ser encarnada. Si domina el buen caballo sobre el malo y su pereza, el auriga conduce raudo en busca de la belleza, memorizando en su canon la percepción y certeza de insignes patrones altos antes de bajar a tierra. Cuando el alma ya en el cuerpo contempla una muestra perteneciente a este mundo relaciona su lindeza con el del anterior curso pues fácilmente recuerda el arquetipo absoluto asentado entre las estrellas. Mas si manda el mal caballo sobre el bueno y su grandeza apenas rellena el saco… y enseguida cae a tierra apuntando hacia el fracaso pues tosquedad y destreza las interpreta al contrario, cosa que a dioses no afecta al ser sus caballos blancos. Poema sobre el mito del carro alado (en el que Fedro y Sócrates disertan sobre temas filosóficos de Platón)
dedicado a Jose Luis, Julián y Clemente por sus comentarios
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